La conducta en el perro geriátrico

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Para entender la conducta de nuestro perro, debemos tener en cuenta que ésta no es algo estático, sino que, por el contrario, evoluciona con él y, por lo tanto, deben esperarse determinados cambios sujetos a cada una de las etapas de su vida.

Una de estas etapas, en la que cabe esperar cambios en la conducta, es la senectud. Al envejecer, se produce de forma natural un declive en las capacidades sensoriales y cognitivas, asociada a la involución y degeneración del sistema nervioso y de los órganos de los sentidos.

Además, en la etapa geriátrica, y debido a la degeneración de otros sistemas y órganos, aparecen una serie de enfermedades y síndromes que también pueden afectar a la conducta. Así, por ejemplo, un animal que sufre dolor crónico por la artrosis, puede volverse agresivo ante el contacto físico.

Entre las enfermedades propias de la senectud, existen, además, síndromes neurológicos que afectan directamente, y a veces exclusivamente, al comportamiento.

Esta conjunción de disminución de las habilidades sensoriales y mentales, unido a la presencia de enfermedades o “achaques”, producen una disminución en la capacidad del animal de adaptarse a cambios en su rutina y de tolerar el estrés, así como una menor relación con el entorno. Además, pueden observarse alteraciones en el patrón de sueño/vigilia, cambios en la relación con personas y con otros animales, pérdida de conductas aprendidas, desorientación, nerviosismo, y aparición de problemas de conducta o agravamiento de los ya existentes.

Algunos de estos signos pueden pasar desapercibidos y a otros, al ser tomados como algo normal en la senectud, a menudo no se les presta atención.

Sin embargo, y a pesar de que el envejecimiento es, lógicamente, algo inevitable, se pueden hacer cosas para mejorar la calidad de vida y el estado de nuestro mejor amigo.

En primer lugar, merece la pena seguir observando, con más interés y no con menos, a nuestro perro. Ello nos permitirá detectar cambios incipientes e investigar si se deben a un problema médico. Igualmente, para detectar problemas médicos, es importante acudir al veterinario para realizar chequeos periódicos.

Diagnosticar y tratar (en lo posible) estos problemas, no sólo mejorará la calidad de vida del animal, sino que aliviará el problema de conducta consecuente.

En segundo lugar, debemos ser conscientes de que la rutina es un valor especialmente importante para el animal geriátrico. Tener regularidad y orden en cuanto a paseos, comidas, sesiones de juego, etc., ayudará a nuestro compañero canino a sentirse orientado y a conservar su ritmo de vigilia y sueño.

En tercer lugar, es importante la estimulación. El declive de las capacidades cognitivas será más lento cuanto más se usen éstas (lo que no se usa, se pierde, dice el refrán), por lo que debemos incluir en la rutina sesiones de estimulación para nuestro animal (practicar órdenes que ya sabe, por las cuales recibirá premios; introducir y rotar juguetes interactivos, novedosos o que le resulten interesantes) y, en general, enriquecer su ambiente y su rutina, sin olvidarnos de los paseos, todo lo posible para que su relación con el entorno no decaiga.

En cuarto lugar, debemos tener presente que un animal geriátrico tiene más dificultad para adaptarse a los cambios. Por eso es fundamental anticiparse en lo posible a los mismos, y tratar de acostumbrarle de una forma gradual. Así, si se está esperando un bebé, ya durante el embarazo se pueden hacer diversos ejercicios para habituar al perro, poco a poco, a los sonidos de aquel (existen CDs para tal efecto), a los nuevos objetos, como la cuna o el carrito, e incluso a las nuevas rutinas como bañar o cambiar al bebé (mediante ejercicios de simulacro con muñecos).

En otro ejemplo, si vamos a cambiar de domicilio, intentaremos acostumbrar a nuestro perro antes de la mudanza definitiva, realizando con antelación estancias breves y crecientes para que vaya conociendo el nuevo espacio en el que vivirá y organizándolo todo para evitar que nuestro perro pase largos periodos solo hasta que no se sienta seguro en el nuevo ambiente.

Para terminar, además de los cambios asociados con el envejecimiento normal, algunos animales pueden desarrollar una enfermedad neurodegenerativa llamada Disfunción Cognitiva, que presenta ciertos paralelismos con la enfermedad de Alzheimer que afecta a las personas y que se caracteriza por cambios importantes en el patrón de sueño/vigilia, nerviosismo, desorientación y pérdida de conductas aprendidas. El uso de medicación y dietas especiales puede unir su efecto al de las pautas de manejo para que este proceso degenerativo sea más lento.