Información práctica

En esta sección, se proporcionan tres formatos de consejos. Todos abordan aspectos prácticos de la convivencia con su animal de compañía.


Preguntas habituales: lista rápida de preguntas comunes.

  1. Mi perro me ha mordido, ¿qué debo hacer?

  2. Voy a mudarme de casa ¿Cuál es la mejor forma de introducir a mi gato en el nuevo hogar?

  3. ¿El adiestramiento en obediencia es la solución al problema de conducta de mi perro?

  4. ¿Cómo debo acondicionar un espacio en el que conviven muchos gatos?


Ponte en su lugar: algunos consejos más detallados. Entienda lo que "piensa" su animal de compañía.

  1. Agresividad entre perros de la misma casa.

  2. Mecanismos de escalada de la ansiedad.


Protocolos: qué puedo hacer para hacer que mi mascota ...

  1. Enseñar a sentarse a un perro.

  2. Consejos útiles para acercarse a un perro tímido o miedoso.

Preguntas habituales

Mi perro me ha mordido, ¿qué debo hacer?

Lo primero es identificar en qué circunstancias te ha mordido y en cuales otras te ha mostrado algún tipo de agresividad (gruñir, enseñar los dientes..)... y evitarlas al máximo. Por tu seguridad y la de los tuyos, y para que el problema no se cronifique o empeore, debes intentar que no vuelvan a darse las situaciones en las que tu perro, con gran probabilidad, mostrará agresividad. Así, cuando la agresividad es muy impulsiva (poco predecible), y la situación desencadenante poco clara o difícilmente evitable, el pronóstico empeora y el riesgo aumenta. Por último, bajo ninguna circunstancia provoques un enfrentamiento.


Voy a mudarme de casa ¿Cuál es la mejor forma de introducir a mi gato en el nuevo hogar?

De forma gradual. Mantenlo los primeros días en una sola habitación, donde pondrás su comedero, arenero, etc. Luego, paulatinamente, según le veas a él más relajado, vas abriendo distintas partes de la casa. Para gatos especialmente tímidos, puede ser de gran ayuda colocar feromonas felinas en difusor (feliway ® difusor).


¿El adiestramiento en obediencia es la solución al problema de conducta de mi perro?

El adiestramiento en obediencia, por sí solo, no solucionará el problema de conducta de tu perro (así, un perro con agresividad por dominancia seguirá siendo agresivo en las situaciones en que lo era, etc). En muchos casos, sin embargo, será una herramienta muy útil en el tratamiento de un problema de conducta. Por un lado, es muy valioso en las terapias de modificación de conducta, porque ofrece al animal una alternativa de comportamiento por la que recibirá cosas agradables. Por otro, porque, en los casos en que el problema no tiene una solución completa, es imprescindible al menos poder controlar al animal (especialmente en los problemas que suceden en la calle o con extraños).


¿Cómo debo acondicionar un espacio donde viven muchos gatos?

Es importante, especialmente si el espacio es reducido, que les ofrezcas diversas "atalayas" o lugares de descanso en alto, donde se puedan aislar de los demás en caso necesario. Si el espacio lo permite, coloca tantos areneros como puedas (idealmente, el nÂș de gatos +1) en distintos lugares, siempre que sean tranquilos (alejados de fuentes de ruido como electrodomésticos, etc). Los comederos y bebederos no deben estar junto a los areneros.


Ponte en su lugar

Agresividad entre perros de la misma casa

Problema jerárquico. Los perros, y de forma muy acusada los machos, son animales que necesitan que haya una jerarquía en el grupo en el que viven. Es una estructura social adaptativa que les permite convivir sin confrontaciones; el animal de mayor rango accede primero a los recursos y tiene más privilegios, y así se evita que haya que pelear por ellos en cada ocasión. En ese sentido cuando se establece un grupo es normal cierto nivel de agresividad y algunas peleas, hasta que se decide quién es el dominante. Esto sucede habitualmente cuando llega un nuevo miembro, cuando desaparece alguno, o cuando un animal alcanza la madurez sexual o social. La evolución normal es que, cuando el nuevo orden jerárquico queda establecido, las confrontaciones se ritualizan o simplemente desaparecen.

Cuando por alguna razón unas pocas peleas no son suficientes para establecer la jerarquía, el problema puede mantenerse e incluso empeorar, pues se añaden elementos relativos al aprendizaje: el animal ofensivo aprende que con agresividad consigue lo que quiere (desplazar y someter al sumiso) y/o el animal "atacado" puede aprender a temer a su atacante mostrando agresividad defensiva (es decir, por miedo) que será más acusada cuánto más miedo tenga. En algunas ocasiones el resultado final es que ambos se pelean nada más verse, haciéndose imposible la convivencia.

Entre los motivos que impiden que una jerarquía se establezca se encuentran el que los animales implicados sean demasiado parecidos en edad, tamaño o complexión, el que los dueños lo dificulten con su actitud (intentar tratarlos por igual, regañar al dominante cuando muestra agresividad, "mimar" al sumiso para compensarle, o interrumpir sistemáticamente las peleas, ... Son cosas que a ellos les impiden por un lado saber cuál es el orden que desean los dueños y por otro "terminar de arreglar sus asuntos"). Además, se cree que la tendencia a la dominancia tiene componentes genéticos, que simplemente podrían estar presentes en ambos animales.


Mecanismos de escalada de la ansiedad

Iniciamos una serie de artículos con los que pretendemos que los propietarios entiendan mejor a sus mascotas, a través de una serie de ejemplos que comparan situaciones que viven los animales con situaciones equivalentes para los humanos, y en los que se comprueba que a menudo reaccionamos igual.

Los animales poseen una serie de mecanismos de aprendizaje, y los humanos cuentan con esos mismos mecanismos de aprendizaje mas otros añadidos (que los animales no poseen o utilizan de forma anecdótica). Pero gracias a la parte común, que todos usamos a menudo, podemos llegar a comprender a nuestros amigos peludos.

El primer ejemplo se refiere a la ansiedad por separación, uno de los problemas de conducta más conocidos por el público en general, y uno de los más frecuentes en la clínica. Muchos perros no toleran ser dejados solos en casa y sufren un ataque de ansiedad que se traduce en lloros o ladridos constantes, pises y cacas por todas partes, o espectaculares destrozos.

En esta patología, una de las pautas de tratamiento más conocida por veterinarios y propietarios, es la que recomienda que antes de salir de casa ocultemos las señales que el perro conoce como síntoma de nuestra partida inminente. Así, se propone a los dueños que oculten las llaves en el bolso, que salgan de casa en zapatillas y las cambien en el ascensor, etc.

Por el contrario, a la vez se pide a los propietarios que, cuando no vayan a salir, hagan una especie de "simulacro" de partida, con zapatos, ropa de calle, bolsos, llaves... y se sienten a ver la televisión, de esa guisa.

Ambas medidas resultan chocantes, pero tienen su explicación. Cuando pasamos por una experiencia que nos resulta muy desagradable (porque pasemos miedo, ansiedad, dolor físico), al cerebro le queda muy claro que hay que evitar volver a caer en ese sufrimiento. Para lograrlo, va tomando nota de las señales que predicen que la situación se va a dar, en un intento de anticiparse y evitar la situación antes de tener que sufrirla.

En el caso de un perro con ansiedad por separación, este aprende que cuando el dueño se pone la ropa de calle lo que sigue es ponerse los zapatos, y después de eso va coger el bolso y tras eso agitar las llaves y después ... cogerá la puerta y se irá.

Al aprender (tanto el perro como nosotros) que ciertas señales van seguidas de una determinada situación, sucede que dichas señales no solo nos anticipan la información de lo que viene, sino la sensación desagradable que se avecina. Vamos, como el perro de Pavlov (sí, el que salivaba al oír la campanita de antes de comer).

Y ahora el lector se preguntará qué tiene que ver el perro de Pavlov con nosotros los humanos ... vamos al ejemplo.

A mí, como a mucha gente, me disgusta visitar al dentista. Me da miedo que me pinchen en las encías, me resultan desagradables los tornos ... bueno, ustedes ya saben. Ahora lo llevo mejor pero, durante una época de mi vida, lo pasaba fatal: la semana antes de la cita ya me ponía nerviosa al mirar la agenda, el día de la cita no pensaba en otra cosa, al recorrer el camino hasta la consulta se me aceleraba el corazón, al subir en el ascensor me temblaban las piernas y cuando se abría la puerta de la consulta y ese olor insufrible a desinfectante me daba en la cara ... creía morir. Me sentaba en el sillón casi pidiendo piedad.

Imaginen por un momento que un amigo caritativo hubiera arreglado para mí, en secreto, una cita con un dentista desconocido. Imaginen que me lleva hasta allí completamente engañada, charlando relajadamente por la calle, subiendo en un ascensor y llamando a un timbre. Al abrirse la puerta y notar el olor, yo habría sabido que se trataba de un dentista, y me habría dado un vuelco al corazón al comprender la encerrona ... pero les aseguro que mi estado de nervios habría sido mucho menor, al partir de un estado tranquilo, en vez de un estado de cuasi histeria acumulada durante horas o días.

Traslade cada uno este ejemplo a las cosas que le dan miedo o le causan ansiedad (el examen de conducir, una entrevista de trabajo, las arañas, los espacios cerrados, ...) y piense cómo le hace sentir el anticipar que esas situaciones se avecinan, y cómo se sentiría de no poder anticiparlas.

Pues, de la misma manera, un perro que sufre ansiedad o miedo cuando su dueño se va, en el momento en que el dueño salga por la puerta va a saberlo y a sentir ansiedad, pero esta será mucho menor si no lleva un rato antes anticipando, a cada movimiento del dueño, que la partida se acerca.

Por eso ocultamos las llaves o salimos al ascensor en zapatillas, para que el perro anticipe la ansiedad y por eso nos vestimos de calle para luego sentarnos a ver la televisión, para que esas señales ya no signifiquen que se avecina algo horrible. Así que no se sientan ridículos haciendo estas cosas: actúan así en beneficio de sus queridos compañeros.

Como mi amigo el caritativo.


Silvia de la Vega Goicoechea


Protocolos

Enseñar a sentarse a un perro

Se practicará en sesiones (1-3 al día) de unos 10 minutos. La palabra que se elija para pedir la orden debe ser siempre la misma (sit, sienta, siéntate..) y la diremos en un tono neutro, no enfadado ni alto, una sola vez. Se usarán premios de comida casera (trocitos de salchicha, pollo, queso..) muy pequeños, a la vez que elogios. Cada fase se considera superada cuando la hace seguido unas 10 veces sin equivocarse. Mientras aprende se le premiará todas y cada una de las veces. Cuando lo tenga bien aprendido, en una fase posterior (es decir, después del punto 5), pasaremos a premiar aleatoriamente, unas veces si y otras no, sustituyendo gradualmente el premio de comida por caricias o elogios.

Normalmente bastan entre 4 y 10 días para completar el proceso:

  1. Si todavía no lo sabe, lo primero es enseñarle que queremos de él. Sin decir la orden, le enseñaremos al perro un premio de comida y se lo acercaremos a la punta de la nariz, y lo moveremos despacio hacia arriba y hacia atrás, con lo que para seguirlo tiene que llevar la cabeza hacia atrás y para compensar el movimiento bajará el tercio trasero, hasta sentarse. Al instante, se le mete el premio en la boca. Agarrar bien el premio para que no nos lo quite antes de tiempo. Si salta para cogerlo, retirar la mano y decir "No" en tono neutro. Si a pesar de todo lo coge, no regañar.

  2. En la siguiente fase, cuando ya se sienta al ver el premio, introduciremos la orden "Sit" o la palabra elegida.

  3. Después el premio nos lo meteremos en un puño y se lo daremos a oler, diciendo la orden. Si se sienta, abrimos el puño y que coja el premio.

  4. En esta fase le enseñamos el puño sin premio pero no se lo damos a oler y damos la orden. Si se sienta, abrimos la mano para que vea que no hay nada y nos sacamos el premio desde el bolsillo.

  5. Por último, sin el puño cerrado le damos la orden y sacamos el premio, de una bolsita en una estantería cercana. Así hemos pasado de "sobornar", es decir, enseñar el premio antes, a "premiar" (el premio aparece después de que cumpla la orden).


Silvia de la Vega Goicoechea


Consejos útiles para acercarse a un perro tímido o miedoso

Delante de la jaula

Si el perro no se aproxima a la verja:

  1. Permanecer ante la jaula sin llamarlo ni forzarlo a que se acerque.
  2. Intentar que se aproxime dando premios a los otros perros (si esto no provoca que se peleen).
  3. Si no lo conseguimos, no forzarlo e intentar el punto 6 de "dentro de la jaula".

Si gruñe / ladra al acercarnos a la verja:

  1. Esperar sin moverse delante de la jaula, sin mirarlo directamente, hablarle, etc.
  2. NUNCA irse mientras el perro esta gruñendo o ladrando.
  3. En cuanto el animal pare de gruñir o ladrar le premiaremos con algo de comida.
  4. Repetir esta operación varias veces hasta que el perro se comporte adecuadamente al vernos delante de la jaula.
  5. Si lo conseguimos, seguir las indicaciones del punto 3.
  6. Si no es así, probar medicación, etc.

Si se acerca a la verja voluntariamente:

  1. Empezar dándole comida sin hablarle, tocarlo o mirarlo fijamente.
  2. No gritar, hacer movimientos bruscos, etc.
  3. Según se vaya confiando, darle la comida mientras le hablamos con voz alegre.

Dentro de la jaula

  1. Entrar decididamente en la jaula sin mirar directamente, hablar o tocar al perro miedoso. No hacer movimientos bruscos ni gritar o hablar alto. Nunca dirigirse directamente hacia el perro (se debe describir un arco hacia él).

  2. Si el animal está solo en la jaula, o los otros perros no se pelean por la comida, podemos entrar tirándole comida desde la puerta. Si no gana confianza, repetir la operación varias veces.

  3. Después de varios intentos, cuando el animal se confíe un poco, podemos intentar acariciarlo suave pero decididamente. Si lo tolera, le daremos un premio.

  4. Nunca empezar las caricias por la cabeza o cuello (podría considerarlo una amenaza). Es mejor empezar por la barbilla y pecho.

  5. Posteriormente podemos intentar ponerle una correa y sacarlo. Si lo conseguimos, premiarle inmediatamente con comida y elogios en tono alegre.

  6. Si el perro no se asusta tanto fuera de la jaula, podemos hacerle salir de ella y cogerlo fuera, siempre premiándolo al conseguirlo.

  1. No intentaremos cogerlo dentro de la jaula hasta no haber superado el apartado "delante de la jaula".


Fuera de la jaula

  1. Las primeras veces que el perro salga de la jaula llevarlo a un lugar tranquilo (sin gente ni perros) donde pueda ir habituándose a su presencia.

  2. En todo momento deberemos mantener una actitud confiada y alegre para que el perro no tema nada ni de nosotros ni del ambiente.

  3. Siempre tener en mente esta norma:

    • Ignorar al animal al observar en él alguna reacción de miedo.
    • Nunca intentar calmarlo con caricias o palabras de cariño.
    • Premiar con comida, caricias y elogios las muestras de confianza.

  4. Progresivamente, y siempre observándolo, iremos acercándolo a la gente y otros perros.

  5. Al principio deberemos dejarle que sea él quien decida si quiere acercarse a ellos, premiando esta actitud y no forzándolo más allá de lo que él nos permita.

  6. Más adelante, podremos forzarlo ligeramente, primero con gente y luego con perros. Pediremos a las personas que se acerquen al perro que no lo miren, hablen o intenten tocarlo. Simplemente deberán ofrecerle comida que tiraran cerca de él.

  7. Ante una reacción de miedo o agresiva por parte del perro, intentar no alejar al perro o que se vaya la gente para no reforzar esta conducta.


Actitudes de un perro miedoso

  1. Postura

    • Cuerpo agazapado contra el suelo.
    • Orejas hacia atrás.
    • Rabo caído o entre las patas.
    • Mirada atenta en la amenaza.
    • Tensión corporal y mirada fija.

  1. Reacciones orgánicas

    • Taquicardia.
    • Jadeos cortos y frecuentes.
    • Temblores y agitación.
    • Hipersalivación.
    • Pupilas dilatadas.
    • Erizamiento del pelo.
    • Sudoración en las almohadillas.
    • Micción y defecación.
    • Expresión de las glándulas anales.

  2. Etrategias de defensa en el perro

    • Lucha y agresión.
    • Huida e intentos de escape.
    • Freezing.
    • Apaciguamiento.

El empleo de una de estas cuatro estrategias dependerá de múltiples factores (raza, espacio disponible, aprendizaje, tipo y nivel de amenaza, etc.) y es posible el cambio de una a otra rápidamente y sin aviso previo.


Pablo Hernández Garzón